martes, 24 de enero de 2017

voy a jugar a escribir como se escribe en el 2017

amanecer en constitución con el sol en la cara porque no hay cortinas, y hacer el amor y comer y fumar porro hasta que ya no haya sol, intentar salir y no poder, salir a comprar facturas, salir a comprar sanguchitos, salir a comprar pasta, bajar a tomar una birra al bar nuevo el único bar. yo pensé que todo iba más o menos bien; charlando con el tucu dueño del bar top en la cuadra más fea del barrio; birra artesanal picada horrible a una cuadra de la estación, el tano que camina canchero, con capucha, como si fuera de ahí desde siempre, como si hubiera nacido en tacuarí y garay, como si no importara; como si roma no quedara lejos sino a la vuelta de la esquina; soñar siempre con roma y constitución; soñar siempre que me pierdo en la estación y es de noche, todos hablan un idioma extraño, casi como en la vida real, y no tengo monedas para el bondi, que me pierdo y a mis sueños no llegó el teléfono, que me pierdo y no conozco a nadie, que me pierdo y son todos enemigos.
pero amanezco viendo ese balcón y la calle tacuarí, y ya no me acuerdo de que no podía pisar ese barrio por la tristeza, y siempre hay la cruz de la iglesia de la otra cuadra que se asoma por entre las construcciones y se encuadra justo en la ventana del tano; y nos saluda de mañana, y el tano que, estábamos bien, se despierta y me abraza con un brazo y mira el cielo azul, y me dice viste cuando estás tranquilo y entonces cualquier cielo parece el de un lugar hermoso, como si estuviéramos en un barco o en el campo; pero debe ser porque estamos bien, debe ser solamente por eso. le digo que no; que es un día hermoso, que quizá deberíamos salir.
oímos a vedran saliendo del cuarto, lo imaginamos en calzones y con ojeras y diciendo la puta madre porque sí, de la manera en que lo hubiera dicho luca, con el mismo acento porque el croata hablaba como tano y el tano como porteño; y se ponía a cocinar cosas y nos las dejaba ahí para que nos alimentáramos, y cogíamos sin que nos importara que nos oyera; supongo que tampoco le importaba demasiado aunque después veía la sombra en sus ojos un poco nostálgica de extrañar a alguna chica o a cualquier chica; eventualmente algún comentario nos dejaba adivinar con algo más de precisión de quién se trataba esa vez.

el tano quiere hacerse amigos en su facultad y los invita a comer empanadas tucumanas; estamos todos y las empanadas queman, todos tirados comiendo empanadas piensan en salir a bailar, o en salir a algo. nos quedamos solos y el tano me muestra la música que solían pasar en el bar de bruselas donde trabajaba sirviendo alcohol. mi primo y sus amigos eran los dueños de este bar. el último fin de año hicimos una fiesta en la que perdí la conciencia, con la nariz sangrando. todos se asustaron mucho, me llevaron al hospital. cuando me desperté, un rato después, volví a tomar. creo que me vine a buenos aires un poco por eso. necesito vivir más tranquilo.
tomamos vino y bailé un rato arriba del sillón, a oscuras. un poco de la luz de su monitor se filtraba por el vidrio esmerilado de la puerta de su habitación cubierta a medias por una chapa de metal, toda la intimidad de la que gozamos.
hay momentos contigo que son muy mágicos. no sé bien por qué, pero lo son, dijo y me abrazó, yo todavía en el sillón y él parado en el piso, hundiendo la cara en mi panza.

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corazón de tijeras

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